Los principios del diseño japonés y Koffer

Los principios del diseño japonés y Koffer

Hace unos meses nos acercamos al diseño a través de los diez principios formulados por Dieter Rams. Una manera de entender el buen diseño desde la funcionalidad, la honestidad, la sencillez y la reducción a lo esencial.

Ahora queremos cambiar de perspectiva y mirar hacia Japón.

La tradición estética japonesa no busca el exceso ni necesita reclamar nuestra atención. Valora el equilibrio por encima de la simetría, la simplicidad frente al ornamento y el significado frente a la complejidad. Una filosofía construida durante siglos que continúa influyendo en la manera en que diseñadores de todo el mundo conciben objetos y espacios.

Contención, autenticidad y belleza en aquello que resulta esencial.

De esta forma de entender la estética surgen principios como Fukinsei, Kanso, Shibui, Shizen, Yūgen, Seijaku y Datsuzoku. Siete conceptos que nos ofrecen una perspectiva muy diferente a la occidental desde la que observar el diseño contemporáneo. Y queremos hacer precisamente eso: utilizarlos como una nueva mirada sobre Koffer.

Cuando lo observamos desde esta perspectiva aparecen conexiones interesantes: en su simplicidad, en sus formas orgánicas, en la libertad de sus composiciones, en su manera de relacionarse con el espacio y en su capacidad para romper con soluciones más convencionales.

Fukinsei: encontrar el equilibrio en la imperfección

Fukinsei parte de la asimetría y de la aceptación de aquello que no es perfectamente regular.

Frente a una búsqueda constante de simetría y orden, propone entender que una composición puede encontrar su equilibrio precisamente en aquello que la hace irregular.

Aplicado al diseño de espacios, nos invita a alejarnos de configuraciones excesivamente rígidas y previsibles. El equilibrio no tiene por qué significar repetición ni simetría.

Kanso: eliminar lo que no es necesario

Kanso habla de simplicidad, pero no de una simplicidad entendida como ausencia de diseño.

 

Es eliminar lo superfluo para dejar que permanezca aquello que realmente aporta valor.

 

Forma, función y material deben tener una razón de ser. El resultado puede parecer sencillo, aunque llegar hasta esa sencillez sea probablemente una de las partes más complejas del proceso de diseño.

 

Es un principio que, curiosamente, nos acerca bastante a algunas de las ideas que Dieter Rams formuló desde una cultura y un contexto completamente diferentes.

Shibui: diseño sin necesidad de llamar la atención

Shibui representa una belleza discreta, contenida y alejada de lo ostentoso.

No busca provocar una reacción inmediata. Su valor aparece progresivamente, cuando entendemos mejor el objeto, sus proporciones, sus materiales o la forma en la que resuelve una necesidad.

En un momento en el que muchas propuestas compiten por nuestra atención, Shibui plantea casi lo contrario: un buen diseño no siempre necesita hacerse notar.

 

Shizen: naturalidad sin artificios

Shizen puede traducirse como naturalidad, aunque su significado va más allá de incorporar elementos naturales.

Habla de conseguir que las cosas parezcan estar donde deben estar, sin resultar forzadas.

En diseño, esto puede trasladarse a formas orgánicas, materiales, proporciones o simplemente a la capacidad de un elemento para integrarse en un espacio de manera coherente.

Diseñar sin que el esfuerzo necesario para hacerlo resulte evidente.

Yūgen: aquello que el diseño sugiere

Yūgen es probablemente uno de los conceptos más difíciles de trasladar literalmente al diseño occidental.

Tiene que ver con la sutileza, con la profundidad y con aquello que no necesita mostrarse completamente para ser entendido.

Aplicado al diseño, nos recuerda que no todo tiene que ser explícito.

Hay objetos y espacios capaces de transmitir sensaciones sin recurrir a elementos evidentes. Parte de su riqueza reside precisamente en lo que dejan abierto a la interpretación.

Seijaku: diseñar también la calma

Seijaku introduce conceptos como tranquilidad, quietud o serenidad.

Y probablemente hoy tenga más sentido que nunca.

Trabajamos rodeados de estímulos, pantallas, conversaciones, información y movimiento. Por eso, diseñar un espacio de trabajo ya no consiste únicamente en organizar funciones.

También debemos pensar en cómo se siente una persona cuando lo utiliza.

Crear lugares que permitan concentrarse, hacer una pausa o simplemente bajar el nivel de ruido visual y ambiental también forma parte del diseño.

Hay objetos y espacios capaces de transmitir sensaciones sin recurrir a elementos evidentes. Parte de su riqueza reside precisamente en lo que dejan abierto a la interpretación.

Datsuzoku: romper con lo establecido

Datsuzoku significa liberarse de convenciones, hábitos o soluciones preconcebidas.

Es cuestionarse por qué algo tiene que seguir siendo como siempre ha sido.

En diseño, esta forma de pensar resulta especialmente interesante porque obliga a revisar tipologías, usos y comportamientos que muchas veces damos por sentados.

Una mesa no tiene por qué utilizarse siempre de la misma manera. Una oficina no tiene por qué organizarse alrededor de puestos fijos. Y un sofá tampoco tiene por qué ser necesariamente un elemento cerrado e inamovible.

¿Qué ocurre cuando analizamos Koffer a través de estos siete principios?

Su modularidad permite generar composiciones asimétricas y encontrar diferentes equilibrios dentro del espacio, acercándonos a Fukinsei.

La claridad de sus formas y la ausencia de elementos innecesarios conectan con Kanso.

Su personalidad no depende de una ornamentación excesiva, sino de sus proporciones, geometría, tapizados y posibilidades de composición, una lectura que podemos relacionar con Shibui.

Las formas orgánicas y la manera en que sus diferentes módulos pueden integrarse en distintos ambientes nos acercan a Shizen.

Y cuando Koffer se utiliza para generar zonas de encuentro, descanso o conversación dentro de espacios de trabajo más amplios, aparece también la posibilidad de crear pequeños entornos de pausa y serenidad vinculados a Seijaku.

Pero quizá sea Datsuzoku donde encontramos una de las relaciones más interesantes.

Koffer rompe con la idea tradicional del sofá como una pieza cerrada y predeterminada. No propone una única configuración ni una única forma de utilizarlo. Son los módulos, el proyecto y las necesidades del espacio los que determinan el resultado final.

El producto deja de imponer una solución para convertirse en una herramienta con la que construirla.

La visión de Dieter Rams y los principios de la estética japonesa parten de contextos muy diferentes.

Sin embargo, aparecen puntos de encuentro.

La eliminación de lo innecesario, el respeto por la función, la búsqueda de la sencillez o la voluntad de crear objetos que mantengan su sentido más allá de tendencias puntuales son ideas que pueden encontrarse bajo perspectivas distintas.

Quizá por eso resulta interesante cambiar de vez en cuando la forma desde la que observamos un producto.

Porque analizar el diseño no consiste únicamente en hablar de materiales, formas o funciones.

También consiste en entender las ideas que pueden ayudarnos a mirar los objetos, y los espacios que construimos con ellos, de otra manera.

Distintas culturas, una misma pregunta