¿Ha muerto la oficina?

¿Ha muerto la oficina?
Es una pregunta que habrá pasado por nuestra mente más veces de las que nos gustaría. Probablemente es un pensamiento rumiante, estancado en un rincón al que de vez en cuando llega la luz y vuelve a brotar.
Oficinas de Biolan. Proyecto de Sube Interiorismo.
La era del teletrabajo ha puesto a tambalear certezas que llevaban décadas asentadas, se movieron cimientos que nunca antes se habían cuestionado. Lo que parecía cemento se volvió movedizo: de repente había que repensar qué nos aportaba un lugar que hasta entonces se daba por hecho.
Con esa reinvención ya hecha, o en marcha, hubo que darle una vuelta a la pregunta: no es si la oficina sigue teniendo sentido, es qué hace que la oficina tenga sentido actualmente. Una pequeña vuelta, un cambio de perspectiva que desenredó la duda.
Definitivamente, el motivo no es el escritorio, es lo que ocurre alrededor de él. La conexión entre equipos, la colaboración que no cabe en una videollamada, el aprendizaje al compartir espacio con otras personas, la pertenencia que no se construye a distancia.
A su vez, esto cambia lo que se le pide al espacio. Ya no basta con que funcione, tiene que sostener el bienestar, facilitar el encuentro, adaptarse a la flexibilidad del trabajo. Se acabaron los espacios rígidos: ahora el mobiliario es parte activa de la experiencia.
Aerópolis. Proyecto de FOB Mobiliario.
Biblioteca pública de Espartinas. Proyecto de FOB Mobiliario.
En Emobok abogamos por la filosofía de no diseñar oficinas solo para que la gente vuelva, sino para que quiera quedarse.