¿Cuánto cuesta una mala silla? La inversión inteligente en bienestar
Es terminar la jornada laboral y ahí está de nuevo: ese molesto dolor de espalda, la tensión en el cuello y el cansancio acumulado, a pesar de haber estado sentados todo el día. Pero, ¿y si el verdadero problema no fuera el tiempo que pasamos en la silla, sino la silla en sí?
La postura que adoptamos y el soporte que nos brinda la silla marcan la diferencia. A menudo, nos sumergimos tanto en nuestras tareas que no somos conscientes de cómo nuestro cuerpo paga el precio de una mala posición. Se dice que estar sentado durante largos periodos es perjudicial, que reduce el consumo de energía a apenas una caloría por minuto y aumenta el riesgo de sufrir enfermedades. Sin embargo, la solución no es evitar sentarse, sino hacerlo de forma correcta: con una silla operativa diseñada con un alto grado de ergonomía para mejorar la postura y el confort, que se ajusta a nuestro cuerpo, sin que seamos nosotros quienes tengamos que adaptarnos a ella.
INSST lo confirma: la silla es el elemento clave
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), en su NTP 1.130, establece que, al trabajar con ordenadores, hay tres puntos de apoyo fundamentales: la silla, la mesa y el suelo. Sin embargo, de estos tres, la silla es el elemento clave, ya que es la que sostiene y moldea nuestra postura durante horas.
CURIOSIDAD HISTÓRICA: En el XIX, numerosas empresas utilizaban los viajes en tren para expandirse, lo que impulsó la creación de una silla de trabajo equipada con muelles para absorber los baches del trayecto y permitir que los empleados continuaran trabajando mientras estaban en los rieles. Desde entonces, las sillas de oficina han evolucionado con un objetivo claro: mejorar tanto la productividad como el bienestar.
Ergonomía sin complicaciones: lo que debes buscar en una silla
Altura regulable → Permitiendo la adaptación al mayor número de trabajadores posibles y asegurando que los pies descansen cómodamente en el suelo o en un reposapiés en un ángulo de 90º.
Respaldo ajustable → Debe adaptarse a la curvatura natural de la espalda, especialmente en la zona lumbar.
Asiento acolchado y transpirable → Proporcionar una sentada cómoda durante horas, evitando la acumulación de calor y mejorando la ventilación.
Mecanismo de balanceo → Permite distribuir mejor el peso, evitando la rigidez y reduciendo la fatiga.
Reposabrazos → Para mantener los hombros relajados y prevenir la tensión en cuello y brazos, favoreciendo una postura más natural.
Reposacabezas → Reduce la carga en la zona cervical y ofrece un apoyo extra para la cabeza, mejorando la comodidad en largas jornadas.
Ruedas y base giratoria → Facilitan la movilidad y el acceso a diferentes áreas del espacio de trabajo sin necesidad de posturas forzadas.
No todas las sillas cumplen con estos requisitos, pero aquí es donde nuestra silla Tasker marca la diferencia.
Un legado en el diseño de mobiliario que perdura hasta hoy
Thomas Jefferson utilizaba la silla fija Windsor pero pronto se dio cuenta de que necesitaba algo que le ofreciera más movimiento para mejorar su productividad. Fue así como ideó la primera silla giratoria en 1775 para trabajar en su redacción de la Declaración de Independencia.
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Nuestras sillas no solo cuidan tu cuerpo, también cuidan la estética de tu espacio.
La ergonomía es esencial, pero debe ir de la mano del diseño y no en detrimento de este. Durante mucho tiempo, las sillas ergonómicas se veían como funcionales pero con un diseño que no se integraba bien en el espacio. Por otro lado, las sillas con un diseño atractivo no ofrecían el soporte y la comodidad necesaria que nuestra salud requiere.
Al igual que elegimos cuidadosamente las sillas para el comedor de nuestra casa, buscando un equilibrio entre diseño y comodidad, deberíamos hacer lo mismo en la oficina. Sin embargo, a menudo en el trabajo se elige cualquier silla sin considerar si cumple con los requisitos ergonómicos y si se integra bien en el espacio. ¿Por qué no darle a nuestra oficina la misma importancia que a nuestro hogar?
En EMOBOK, hemos logrado fusionar lo mejor de ambos mundos. Nuestras sillas están diseñadas para ofrecer ergonomía sin sacrificar un diseño que encaje perfectamente con cualquier ambiente de trabajo. Por ello, te recomendamos ZEN, la silla que cumple con todos los requisitos de ergonomía con un toque de diseño.
Lo que tu silla y tu espalda llevan tiempo intentado decirte…
Ya hemos hablado de qué hace que una silla sea ergonómica y de la importancia del diseño en tu espacio de trabajo. Pero, ¿realmente somos conscientes de cómo influye en nuestro día a día? Piénsalo. Pasamos horas sentados, y sin darnos cuenta, una mala postura va minando nuestra energía, nuestra concentración y hasta nuestro estado de ánimo. La realidad es que la silla en la que trabajas influye más de lo que crees en tu bienestar y es una herramienta clave para la productividad.
Ahora bien, ¿te has detenido a pensar qué te está diciendo tu cuerpo a lo largo del día? Tal vez ya estés experimentando alguno de esos malestares comunes. Pero, ¿te imaginas cómo sería si tu silla trabajara a tu favor en lugar de en tu contra? Porque cuando tomas la decisión correcta, los beneficios se notas desde el primer día. Mientras tanto, seguiremos arrastrando estos malestares:
- Dolor constante en la espalda → Pasar horas con una postura encorvada en tu silla genera presión innecesaria en tu columna, provocando dolores persistentes que afectan a tu energía y concentración. Con el tiempo, este dolor puede volverse algo “normal”, pero no tiene por qué serlo. Tu espalda te está pidiendo ayuda, y está en tus manos darle el apoyo que necesita.
- Tu estado de ánimo empeora → Te vuelves más irritable, menos paciente y, al final del día, lo que podría haber sido una jornada productiva se convierte en una experiencia agotadora. Lo peor es que crees que es solo un “mal día”, pero en realidad, tu silla tiene mucho que ver.
- Dolor de cabeza → Ese dolor de cabeza que llega sin previo aviso, arruinando tu jornada. Y no es casualidad. La tensión acumulada en el cuello debido a una mala postura está estrechamente vinculada a esos dolores molestos. Si tu cuello está tenso, tu cabeza lo nota. Es un recordatorio de que algo en tu postura no está funcionando.
- Estrés acumulado → Cuando tu cuerpo está incómodo, el estrés comienza a acumularse de manera silenciosa. Traduciéndose en un estado emocional en el que te sientes menos capaz de afrontar los retos del día a día, como si el tiempo se te escapara y ese malestar constante te impidiera rendir al máximo.
- Distracción constante → Nos desconectamos de lo que estamos haciendo y perdemos el foco. Cuando tenemos una mala postura, nuestra mente se dedica más a encontrar una forma de aliviar ese dolor que a concentrarse en las tareas que deseas.
- Fatiga mental → La incomodidad física afecta directamente tu mente. A mitad de la jornada, te sientes bloqueado, incapaz de concentrarte y exhausto mentalmente. La falta de soporte adecuado no solo te desgasta físicamente, sino que también disminuye tu capacidad de rendimiento, afectando tu productividad. Tu mente necesita una silla que te impulse a rendir al máximo.
- Incomodidad en las rodillas y piernas → Si tu silla no se ajusta a tu cuerpo, tus piernas pueden quedar demasiado flexionadas o extendidas, lo que causa dolor, entumecimiento y problemas de circulación. Lo peor de todo es que te hace sentir más cansado de lo que deberías, reduciendo tu energía antes de lo esperado.
- Dolores en las muñecas y brazos → Sentimos dolor en los brazos o las muñecas cansadas, y solemos atribuirlo a las largas horas frente al ordenador, escribiendo constantemente. Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar en cómo hemos pasado ese tiempo. Esas molestias no son solo por la duración, sino por la posición en la que están nuestros brazos y manos mientras trabajamos.
Siéntate y siéntate bien, todo en uno
Feel the SEAT
Ergonomía al alcance de tu mano: 10 consejos para mejorar tu postura desde hoy
Sabemos que la silla es clave para tu salud y productividad, pero también es fundamental mantener una buena postura. Por eso, te dejamos algunos consejos para aliviar la tensión y mejorar tu bienestar. Recuerda, cuidar de tu cuerpo es un trabajo en equipo entre tú y tu silla.
- Ajusta la altura de tu silla. Pies descansando en el suelo o en un reposapiés. Evita cruzar las piernas.
- Apoya bien la espalda en la silla. Mantén la espalda recta y evita encorvarte hacia adelante.
- Coloca la pantalla a la altura al nivel de tus ojos aproximadamente a un brazo de distancia ****y no des la espalda a las ventanas para evitar reflejos.
- Haz pausas activas, levántate, estírate y mueve las piernas, cada 30-60 minutos.
- Ajusta la altura de los reposabrazos para que tus codos estén en un ángulo de 90 grados.
- Tus muñecas deben estar alineadas con el teclado y no dobladas
- Realiza estiramientos de cuello, hombros y muñecas durante el día.
- Evita permanecer demasiado tiempo en una misma posición. Si cuentas con una mesa elevable, aprovecha para trabajar de pie de vez en cuando.
- Mantén tu espacio ordenado y utiliza estanterías a la altura adecuada para incentivarte a levantarte y estirar los brazos al alcanzar los objetos que no usas con frecuencia.
- Desconecta 15 minutos de las pantallas.
Ahora que sabes cómo una buena silla puede transformar tu día a día, ¿por qué no explorar todas las opciones que tenemos para ti? Cada una está diseñada para mejorar tu comodidad y productividad. Echa un vistazo a nuestra selección y encuentra la silla perfecta que se ajuste a tus necesidades y estilo. ¡Tu bienestar y tu espacio de trabajo merecen lo mejor!
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